lunes, 19 de diciembre de 2011

A dios, aunque no crea en él.

A por ustedes, tan simple y tan inexistente.
A por ustedes, fue aquél momento .
A por ustedes mi tormento,
a por ustedes, no me arrepiento.

Aún recuerdo aquello;

Ya tres años han pasado
de aquél catorce de noviembre
el silencio se ha violado
pobre gallo desamparado.

Germinales amistades
inferiores se han filtrado
ya van cuatro voces calladas
y ya ellas me han hablado,

y los rasgos caminaron
y mi suerte me amparará
el estado va a acabar
y no acabo de llegar.

Risos, lentes, anilladas,
zapatos, piel anaranjados
me gustaría que no vieras lejos
por que hasta allá puedes llegar

De dolor son recolectores
pero amor quieren juntar.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Homenaje I: L'última copa

Esto nunca termina de inspirar.


Eche, amigo, no más; écheme y llene
hasta al borde la copa de champán,
que esta noche de farra de y alegría
el dolor que hay en mi alma quiero ahogar.
Es la última farra de mi vida,
de mi vida, muchachos, que se va...
Mejor dicho, se ha ido tras de aquella
que no supo mi amor nunca apreciar.

Yo la quise, muchachos, y la quiero
y jamás yo la podré olvidar...
Yo me emborracho por ella
y ella quién sabe qué hará...
Eche, mozo, más champán,
que todo mi dolor
bebiendo lo he de ahogar...
Y si la ven,
muchachos, diganlé
que ha sido por su amor
que mi vida ya se fue.

Y brindemos, no más, la última copa
que, tal vez, también ella ahora estará
ofreciendo en algún brindis su boca
y otra boca feliz la besará.
Eche, amigo, no más, écheme y llene
hasta el borde la copa de champán,
que mi vida se ha ido tras de aquella
que no supo mi amor nunca apreciar.



jueves, 8 de diciembre de 2011

Te espero.

Tan lejos y tan presente eres
igual que yo a las nueve en punto
viajando tan lejos a tus ojos
para que puedas leer mi alma,

Sin duda se toma la pluma
una hoja de papel y cien palabras
que se formatean en enamoramientos 
algunos enamoramientos imposibles
imposibles como los tuyos,
imposibles como los míos;
Amiga mía ¿Para que separarlos?
si puede ser una sola historia,
historia que tiene que esperar,
esperar durante un mes helado
para poder saludarte de frente
pero aún falta todo un mes.

Por su amor al reclusorio
y su piel roja bien puesta
con gusto seré encarcelado
con gusto mejor espero afuera.

La cantidad de palabras que he escrito es pequeña con la cantidad de inspiración que me queda y la que me espera como yo a ti;

Te espero.
                                                                                   

                    
                                                                                                              Mario Covarrubias.

martes, 6 de diciembre de 2011

Aquél jueves

 Hoy seis de diciembre después de aproximadamente cien días.

Siempre trató de despegarse de mi, pero ella supo que sería imposible, pues soy total y completamente necesario para realizar su vida.

Aquél 6 de diciembre, una noche húmeda y muy calurosa, caminaba sola en un callejón, un callejón oscuro y sucio, pues olía igual que el mercado estatal. Bajo la luna y sudando a gota gorda, escuchando solo sus pasos pero con su atención integra a sus pensamientos caminaba tranquila con la mente en poder vengar a su esposo recién asesinado en aquél atentado del casino..
Al seguir caminando se dio cuenta de que había llegado a un lugar sin salida, pues en su mente trató de entender el pendejo resultado del peritaje de las "honestas" autoridades, pero solo logró llenar su mente con mentiras que le lastimaban y le rasgaban la herida que le dolía aún mas. De su mente solo salía el sonido de la voz de su pequeño hijo que irónicamente cumplía años y solo pedía de regalo que lo llevaran a ver a su papá que en su pequeña mente de pocos años seguía vivo.

Cada pasó era un escape de la tortura y era medio metro menos para llegar a la escena del crimen, pues como todo martes, se reuniría con las demás familias de las victimas mandar un beso al cielo en forma de rezo   

y recibir el alma de su difunto en canto de recuerdos, que si a veces hacia que su corazón se sintiera feliz, a veces solo le recordaba un olor a gasolina ardiente e injusticias.

Al llegar entre las avenidas San Jerónimo y Gonzalitos, se escucho un ruido, un sonido ensordecedor que se oía como el grito del pueblo pidiendo explicaciones del mediocre peritaje, explicaciones del mediocre trabajo de todos los encargados, el mediocre esfuerzo y amor a la verdad justificada.

Al llegar al frente del recinto, al besar la foto de su muerto esposo y dejarle una veladora encendida, se hincó, rezo por dos minutos y se levanto, regresó a su casa a cuidar a su hijo, pues nadie lo hará por ella.