Siempre trató de despegarse de mi, pero ella supo que sería imposible, pues soy total y completamente necesario para realizar su vida.
Aquél 6 de diciembre, una noche húmeda y muy calurosa, caminaba sola en un callejón, un callejón oscuro y sucio, pues olía igual que el mercado estatal. Bajo la luna y sudando a gota gorda, escuchando solo sus pasos pero con su atención integra a sus pensamientos caminaba tranquila con la mente en poder vengar a su esposo recién asesinado en aquél atentado del casino..
Al seguir caminando se dio cuenta de que había llegado a un lugar sin salida, pues en su mente trató de entender el pendejo resultado del peritaje de las "honestas" autoridades, pero solo logró llenar su mente con mentiras que le lastimaban y le rasgaban la herida que le dolía aún mas. De su mente solo salía el sonido de la voz de su pequeño hijo que irónicamente cumplía años y solo pedía de regalo que lo llevaran a ver a su papá que en su pequeña mente de pocos años seguía vivo.
Cada pasó era un escape de la tortura y era medio metro menos para llegar a la escena del crimen, pues como todo martes, se reuniría con las demás familias de las victimas mandar un beso al cielo en forma de rezo
Aquél 6 de diciembre, una noche húmeda y muy calurosa, caminaba sola en un callejón, un callejón oscuro y sucio, pues olía igual que el mercado estatal. Bajo la luna y sudando a gota gorda, escuchando solo sus pasos pero con su atención integra a sus pensamientos caminaba tranquila con la mente en poder vengar a su esposo recién asesinado en aquél atentado del casino..
Al seguir caminando se dio cuenta de que había llegado a un lugar sin salida, pues en su mente trató de entender el pendejo resultado del peritaje de las "honestas" autoridades, pero solo logró llenar su mente con mentiras que le lastimaban y le rasgaban la herida que le dolía aún mas. De su mente solo salía el sonido de la voz de su pequeño hijo que irónicamente cumplía años y solo pedía de regalo que lo llevaran a ver a su papá que en su pequeña mente de pocos años seguía vivo.
Cada pasó era un escape de la tortura y era medio metro menos para llegar a la escena del crimen, pues como todo martes, se reuniría con las demás familias de las victimas mandar un beso al cielo en forma de rezo
y recibir el alma de su difunto en canto de recuerdos, que si a veces hacia que su corazón se sintiera feliz, a veces solo le recordaba un olor a gasolina ardiente e injusticias.
Al llegar entre las avenidas San Jerónimo y Gonzalitos, se escucho un ruido, un sonido ensordecedor que se oía como el grito del pueblo pidiendo explicaciones del mediocre peritaje, explicaciones del mediocre trabajo de todos los encargados, el mediocre esfuerzo y amor a la verdad justificada.
Al llegar al frente del recinto, al besar la foto de su muerto esposo y dejarle una veladora encendida, se hincó, rezo por dos minutos y se levanto, regresó a su casa a cuidar a su hijo, pues nadie lo hará por ella.
Al llegar entre las avenidas San Jerónimo y Gonzalitos, se escucho un ruido, un sonido ensordecedor que se oía como el grito del pueblo pidiendo explicaciones del mediocre peritaje, explicaciones del mediocre trabajo de todos los encargados, el mediocre esfuerzo y amor a la verdad justificada.
Al llegar al frente del recinto, al besar la foto de su muerto esposo y dejarle una veladora encendida, se hincó, rezo por dos minutos y se levanto, regresó a su casa a cuidar a su hijo, pues nadie lo hará por ella.
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